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A propósito de la calamidad por la que pasan los tarahumaras, platica Hugo, un familiar, asombrado que, en Chihuahua, por prescripción médica, a un señor casi le cortan la pierna derecha, tenía gangrena. Casualmente un rarámuri lo miró, examinó y con una especie de pomada, frotó la parte herida, un día, otro y otro. La herida fue desapareciendo hasta curarse. Aquel hombre salvó la pierna.
Tercia en la plática Martha, otra familiar: “lo que me llama la atención de las mujeres tarahumaras, son sus vestimentas de muchos colores, brillantes, atractivos, como que se ufanan de usarlos, pues hasta para correr, los usan”. Después de algunos años de residir en aquella región, ambos y familia, deben emigrar hacia otros rumbos del país y en su partida, cargados de nostalgia, comentan parte de sus vivencias.
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